viernes, noviembre 06, 2009

Victimismo rumano [Romanian victimhood]

















Bucarest, 23 de diciembre, 1989. La multitud se escuda tras un vehículo blindado del Ejército, mientras los reclutas disparan hacia alguna ventana donde, supuestamente, se esconde un francotirador de la Securitate. Sin embargo, nunca se enjuició a ninguna de las personas detenidas aquellos días. De hecho, tampoco se capturó a ningún francotirador real. Si que tuvieron lugar muchas y lamentables confusiones, con numerosos muertos inocentes.



Tras un interesante artículo sobre la ruinosa situación de Rumania, el periodista añade y da por buenas las impresiones de la gente en la calle. Queda bastante claro que los rumanos llevan veinte años echando las culpas de sus desgracias a fantasmas inexistentes. Siempre las mismas explicaciones sobre “redes comunistas secretas”, misteriosos “grupos de presión” y el “trauma de la dictadura”. Sin embargo, cuando el centro-derecha ganó por primera vez las elecciones en 1996, Andrei Pleşu, una de las cabezas más inteligentes del país dijo: “Ahora ya no podremos seguir echando la culpa de todo al comunismo. La responsabilidad de lo que nos suceda será nuestra”. A día de hoy, la Unión Europea piensa lo mismo.
Y por cierto: la cifra oficial de muertos en la Revolución rumana de 1989 fue de 1.104 muertos, no de 10.000. Y buena parte de ellos a causa del Ejército, no de la Securitate.


After an interesting article about the situation of failure in Romania, the author, a Spanish journalist, adds the result of interviews to people on the street. Is quite clear that the Romanians have been blaming, during twenty years, to the same old ghosts for all their misfortunes . Again and again, the usual explanations about the "secret Communist networks," the mysterious "pressure groups" and the "trauma of dictatorship": always the same exaggerations and legends. However, when the Center-Right won the elections for the first time in 1996, Andrei Pleşu (philosopher, essayist, journalist, literary and art critic, and politician), one of the country's most sparkling personalities, said: “From now on, we should no longer put the blame for everything on Communism. The responsibility for what would happens to us, will be ours”. Today, the European Union agrees with it.
By the way: the official death toll in the Romanian Revolution of 1989 was 1,104 deaths, not 10,000. And many of them because the Army, not the Securitate.

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jueves, noviembre 05, 2009

De aquellos barros, estos lodos [He who sows winds, reaps storms]


















El presidente Klaus anuncia que accede a firmar el Tratado de Lisboa


Nuestra prensa trata de minimizar el hecho de que Bruselas haya asentido a las exigencias del presidente Vaclav Klaus para acceder a la firma del Tratado de Lisboa: ni un euro en indemnizaciones para los alemanes expulsados de los Sudetes después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las consecuencias políticas de ceder ante ese chantaje serán importantes. Así, será difícil mantener las exigencias de disculpas históricas e indemnizaciones en otros casos. Por ejemplo, las referidas al genocidio armenio de 1915 y las reparaciones consiguientes. Curiosamente, The Guardian publicó inmediatamente un artículo titulado: “Britain accused of ‘genocide denial’ over Armenia”

Our press tries to minimize the fact that Brussels has acquiesced to the demands of President Vaclav Klaus for agreeing to sign the Lisbon Treaty: not a single euro in compensation for Germans expelled from the Sudetenland after World War II. However, the political consequences of giving in to this blackmail will be important. Therefore, it will be difficult to maintain historical demands for apologies and compensation in some other cases. For instance, those referred to the Armenian genocide of 1915 and subsequent repairs. Interestingly enough, next day “The Guardian” published an article entitled: "Britain accused of 'genocide denial' over Armenia"

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miércoles, noviembre 04, 2009

El marco y los límites de un desencuentro [The framework and limits of a mismatch]
















Es imposible seguir ignorando por más tiempo el acercamiento entre Moscú y Ankara, con la complicidad de terceros

El artículo de José Ignacio Torreblanca referido al distanciamiento entre Bruselas y Ankara no está mal, simpático y resultón, ja. Pero peca de tres serias limitaciones: a) Olvida la dimensión internacional de Turquía en la actualidad, que incluye un claro acercamiento a Rusia (además de hacia los países árabes e Irán, como no se cansa de remachar nuestra derecha). b) Deja de lado, asimismo, que el fracaso en la integración de Turquía en la UE sería un verdadero crack para la imagen internacional de la UE, en la actual coyuntura de potencias emergentes del siglo XXI; c) Que hay un cansancio claro entre los socios comunitarios ante las políticas hegemonistas de París y Berlín

Torreblanca´s last article focused on the growing distance between Brussels and Ankara is fairly good, even a little bit clownish. But he forgets to consider three issues: a) The international dimension of Turkey today, including a clear approach to Russia (in addition to Arab countries and Iran, something which emphasizes Spanish political Right parties and media b) Leaves aside also that the failure to integrate Turkey into the EU would be a real crack for the international image of the EU in the current period of XXI century emerging powers, c) There is a clear fatigue among community partners towards hegemonic politics of Paris and Berlin

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martes, noviembre 03, 2009

Nuevo formato

El modelo de post publicado hasta ahora en este blog va a experimentar una remodelación. Ello responde a causas bien concretas. De un lado, la acumulación de información que proceso en los últimos meses, que impide seguir con la “mentalidad de papel” en el mantenimiento del blog. Del otro, la multiplicación de compromisos profesionales, que me resta tiempo para continuar en la línea seguida durante los últimos tres años. Con todo, se continuarán colgando aquellos artículos publicados en prensa u otros medios en su longitud original, u ocasionales post extensos

domingo, octubre 25, 2009

¿Una crisis de 1962 resuelta a la inversa?


















Batería de S-400 en estado de revista. Aparte de la eficiacia de los proyectiles en sí, los sistemas de radar y guiado descollan por su precisión

Aunque resulta cada vez más evidente que la calidad de "El País" deriva en proporción inversa a las subidas de precios del periódico, todavía se pueden leer buenos reportajes, como los de Ángeles Espinosa sobre la crisis en Asia Central; u opiniones razonables sobre los conflictos en esa zona, como las de Miguel Ángel Aguilar o Lluís Bassets; a ello se añaden las magistrales opiniones de "El Roto" hechas caricatura.

Otra cosa son las ocasionales piezas de Carlos Mendo, que parecen obedecer a esa extraña filosofía del periódico madrileño según la cual siempre ha de estar presente en sus páginas la pluma de algún reaccionario. Sin embargo, el problema de Mendo no es que el lector habitual sospeche que su presencia sería más adecuada en un periódico francamente de derechas; al fin y al cabo, sin llegar a los extremos de Hermann Tertsch en su incomprensible larga carrera en "El País", no está mal que podamos leer las opiniones de lo que a veces parece un partidario tardío de McCain. La cosa es que el veterano periodista y ex responsable de Internacional del rotativo de PRISA, parece suponer que los lectores somos un poco tontos.

Por ejemplo: es de esos que cada cierto tiempo opinan que "Occidente se juega mucho" aquí y allá. Hace unos pocos años, Occidente se jugaba mucho en Kosovo. Ahora la pasa lo mismo en Afganistán, lo cual induce a sospechar que Mendo es de los que confunden Occidente con la OTAN y los jaleos en los que se mete esa organización en los últimos años, para dejar fuera de juego a la ONU. En realidad, el hecho de que Mendo fuera en su día
un firme partidario de la intervención en Irak, alcara bastante sobre algunas de sus opiniones actuales.

Veamos los argumentos que utiliza. El 18 de septiembre de este mismo año escribía que la retirada de Afganistán
no es una opción:

"Las opiniones públicas suelen tener la memoria flaca cuando se trata de apoyar conflictos letales en países lejanos, que causan bajas propias, sobre todo cuando sus Gobiernos no explican con la suficiente claridad las razones de esos conflictos. Pero, los atentados de Kenia y Tanzania, Nueva York, Madrid, Londres y Bali, por citar sólo los más atroces, deberían constituir en sí mismos un recordatorio trágico del peligro que correrían nuestras ciudades si Al Qaeda volviera a contar con una base de operaciones permanente en Afganistán al amparo de un nuevo Gobierno talibán"





















Caricatura de El Roto publicada en "El País", 22 de septiembre, 2009

Carlos Mendo se refiere a las "memorias flacas" de aquellos que propugnan cualquier cosa que se aprezca a una retirada de Afganistán, pero el que anda mal de memoria es él, precisamente. Porque los atentados de Madrid, Londes y Bali tuvieron lugar cuando Afganistán ya había sido invadido, el gobierno talibán destruido y el estado mayor de Al Qaeda expulsado del remoto país centro asiático. Vuelvo a preguntarlo de manera más específica: ¿Evitó la presencia internacional (y española) en Afganistán, desde hacía ya casi tres años, el atentado del 11-M en Madrid, 2004?¿La respuesta a esa pregunta es todavbía más contundente en el caso de los aentados de Londres en 2005, teniendo en cuenta que Gran Bretaña ers y es un páis militarmente muy comprometido en Afganistán.

Ya ha pasado el tiempo de argumentos tan manidos, tautologías y mantras. Vayamos a asuntos más actuales.

Hace pocos días, Carlos Mendo volvía a la carga con
otro párrafo memorable: "[Obama] Ha humillado a Europa del Este con la retirada con nocturnidad del escudo antimisiles en la República Checa y Polonia para que su secretaria de Estado, Hillary Clinton, escuchase el martes de su colega ruso, Sergei Lavrov, que las sanciones a Irán serían "contraproducentes".

En una sola, aunque larga frase, encontramos bien retratada la contradicción básica de todo ese asunto: Polonia y Chequia están muy enfadas porque Obama les ha retirado un escudo antimisiles que debía defenderles de un ataque procedente desde Irán. ¿Pero hay alguien que se crea esta bobada? Si Varsovia y Praga están encabronadas es porque sabían que el dichoso escudo iba dirigido contra los rusos; ergo, estos tenían razón en sentirse molestos. Y por si faltara algo, para Mendo los rusos tienen la clave de la tensión con Irán. O sea que muerto el perro, se acabó la rabia. Si pudiéramos doblegar a Rusia, se terminaría el problema de los iraníes.

Pues bien: vamos a darle la vuelta al tema. incoporamos a Turquía, reecuperamos una reciente historia de venta de misiles rusos, comparamos tablas cronológicas, y sale el análisis posteado acontinuación, publicado el día 6 de este mismo mes en "El Periódico".


"El Periódico", 6/10/2009

JUGADA DIPLOMÁTICA DE GRAN CALADO EN EL CÁUCASO Y ASIA CENTRAL



¿Una entente entre Rusia y Turquía?
• El abandono por Obama del escudo antimisiles podría ser una reedición de la crisis de Cuba de 1962 a la inversa



FRANCISCO Veiga*
Desde los años centrales del siglo XIX se desarrolló en Asia Central el denominado Gran Juego entre rusos y británicos, cuando sus mutuos impulsos imperialistas chocaron en torno a Afganistán. Menos de dos siglos más tarde, Afganistán y Asia Central siguen trayendo de cabeza a rusos y occidentales.

De nuevo, la lucha es muy enconada en la zona y se ha complicado por la concurrencia de protagonistas que a lo largo del siglo XIX no tenía la fuerza de nuestros días: potencias islamistas, como Irán o Arabia Saudí; potencias nucleares, como Pakistán o India; grandes superpotencias, como China.

En cualquier caso, no todo es guerra, también se producen audaces jugadas diplomáticas en toda esa zona, desde Turquía a los confines de Asia Central, pasando por el Cáucaso. Precisamente, estos días hemos asistido a una, y de gran calado, sin que la prensa occidental haya reaccionado ante lo sucedido.

El capítulo visible de la historia ha sido la reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de renunciar al escudo antimisiles a instalar en Polonia y la República Checa. Ese proyecto había sido impulsado por el presidente George Bush con la idea de proteger a Europa y los propios Estados Unidos de un presunto ataque balístico de los países del eje del mal, esto es, Irán y Corea del Norte. La idea recordaba mucho a la guerra de las galaxias impulsada en los años 80 por el también republicano presidente Ronald Reagan. Aquello había sido un bluff, hoy admitido por los historiadores. Y el escudo antimisiles de Europa oriental volvía a tener mucho de eso, dado que hubiera requerido enormes inversiones para poner a punto un dispositivo susceptible de ser burlado con relativa facilidad por el enemigo. De otra parte, el entusiasmo de los polacos y checos por el proyecto dejaba muy en evidencia que, de hecho, estaba más enfocado hacia Rusia que contra unos coreanos e iranís que a Varsovia o Praga dejaban indiferentes. Dicho de otra manera: el escudo antimisiles estaba más pensado para tensar las relaciones con Rusia y enfrentar a esa potencia con Europa, en una suerte de nueva guerra fría impulsada por la presidencia de Bush, que para un objetivo militar concreto y real.

Ahora, Obama ofrece un sistema alternativo de defensa ante la supuesta amenaza iraní basado en el una nueva generación de misiles antimisiles (ABM) a desplegar en el mar y en países cercanos a Irán. Entre ellos está Turquía.

Precisamente ahora, el Gobierno turco acaba de convocar una licitación para renovar su sistema de defensa antiaérea que los norteamericanos esperan ganar, de una vez por todas, con sus misiles Patriot de última generación.

Lo que no se cuenta es que ese concurso ya se planteó hace un par de años por estas fechas, en plena ofensiva diplomática de Bush, cuando arrancaba el proyecto del escudo de misiles en Europa oriental. Por entones, los rusos desbancaron a los competidores norteamericanos al ofrecer lo mejor de su arsenal: los misiles antiaéreos S-400 Tryumph, considerados por entonces los más eficaces del mundo.

La iniciativa tomó por sorpresa a los observadores occidentales y la misma plana mayor del Ejército turco acabó muy dividida ante la jugosa oferta rusa. Washington protestó recordando que, al ser Turquía un miembro de la OTAN, no debería utilizar sistemas de armas estratégicas rusas (olvidando el caso de Grecia, por cierto).

La maniobra rusa ante Turquía hablaba muy a las claras. Si los norteamericanos colocaban sistemas defensivos ante sus puertas, en países exaliados, ellos podrían hacer lo mismo con Turquía, país que hubiera sido la opción más lógica para detener una arremetida iraní.

Podemos imaginar las presiones que Washington ejerció por entonces sobre Turquía. Pero también parece evidente que ese país sacó beneficios de su actitud.

Posiblemente, la presencia de Obama en Estambul el pasado mes de abril, abogando por la candidatura turca a la UE, tuvo que ver con el deseo de conjurar las tentaciones rusas. Estas, mientras tanto, se habían materializado, de nuevo, en la venta de helicópteros de ataque MI-28 para combatir al PKK en Irak, en detrimento de los Cobra norteamericanos, cuya venta retrasaba Washington so pretexto de problemas legales debidos al traspaso de tecnología punta a los turcos.

En conjunto, en el periodo de pocos meses hemos asistido a un nuevo capítulo de lo que parece una entente ruso-turca, sobre la cual apenas informa la prensa occidental.

Ese acercamiento está provocando unas ondas subterráneas de gran alcance, que además traen recuerdos del pasado. En 1962, durante la crisis entre la Unión Soviética y Estados Unidos, Nikita Jruschov renunció a suspender el envío de misiles nucleares a Cuba a cambio de que los norteamericanos retiraran los suyos estacionados en Turquía. Si la oferta de los S-400 a Turquía influyó en la decisión de Obama con respecto al escudo antimisiles en la Europa oriental, ¿hemos vivido una reedición de ese acontecimiento, sólo que a la inversa?

*Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009)

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jueves, octubre 15, 2009

La reconciliación turco-armenia (y 3): El gran círculo caucasiano





















El jefe de Exteriores armenio Nalbandian (izquierda) y el turco Davutoglu, tras la frma del histórico acuerdo. Foto: EFE / CHRISTIAN HARTMANN



El domingo pasado, la sección de Internacional de "El Periódico" me encargó la elaboración de una pieza sobre el histórico acuerdo armeno-turco, que se publicó el martes siguiente y figura más abajo, reproducido en este mismo post. En él, el lector habitual de este blog encontrará ideas ya expresadas anteriormente, relacionadas con la necesidad de buscar interpretaciones globales sobre lo acaecido en un contexto tan geográficamente reducido e interconectado entre sí como es el Cáucaso meridional: tres pequeños países flanqueados por dos potencias.

La novedad se encuentra al final del artículo, con la inclusión del problema kurdo en el puzzle. En efecto, si hemos de considerar que la evolución política de Georgia, Armenia y Azerbaiyán debe analizarse conjuntamente, también ha de incluirse ahí la cuestión kurda, al menos en lo referido a la parte que corresponde al Estado turco. Parece evidente que la "descongelación" política de toda esa zona, del "gran círculo caucasiano", generará una fluidez en los conflictos presentes, hasta ahora silenciados o considerados latentes. Uno de ellos es el existente entre kurdos y armenios, instrumentalizado hasta convertirlo en alianza táctica anti-turca durante la Guerra Fría. Sin embargo, esa situación no tiene por qué seguir así, y el tratamiento de esa cuestión desde Occidetne exigirá menos posicionamientos pasionales y más disposición racional a que todas las partes salgan beneficiadas de las soluciones o acuerdos que se pacten.

Por último, la pieza publicada recupera la línea de interpretación, avanzada hace algo más de un año, a raíz de la guerra ruso-georgiana, y publicada en "El País".



13/10/2009 ANÁLISIS DEL ACUERDO ENTRE TURCOS Y ARMENIOS

El gran círculo caucasiano



• La acción conjunta de Rusia y Turquía en relación al Cáucaso parece estar detrás del deshielo con Armenia
• La Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso

La normalización de relaciones entre las repúblicas de Armenia y Turquía ha sido saludada desde diversos medios enfatizando las dificultades de última hora, que eran las de esperar. La diáspora armenia ve cómo se le dobla esa palanca de poder que podía utilizar en los países de acogida: el recuerdo del genocidio de 1915. Pero el Gobierno de Erevan también sabe que no puede desairar así como así a una diáspora que cuenta con más miembros que ciudadanos tiene la República, y una fuerza económica y política nada desdeñable.

En cuanto a Turquía, la derecha y ultraderecha nacionalistas se echan las manos a la cabeza ante la «traición» del Gobierno islamista. Harían cualquier cosa para hundir a Erdogan, y es de esperar que intenten sabotear la solución al nudo gordiano chipriota, el último gran problema internacional que le queda a Ankara para cumplir con las condiciones de Bruselas. Sin embargo, el Gobierno islamista moderado no ha parado de afianzarse, batiendo a la oposición en su propio terreno. Y cumpliendo de paso con las condiciones impuestas por la UE en política exterior: una de ellas, la regularización de las relaciones con Armenia y la apertura de la frontera.
Pero lo importante aquí es la visión de conjunto. Hace solo dos años, por estas mismas fechas, en Europa se consideraba utópica la reanudación de las relaciones turco-armenias. Hoy no solo se han restablecido, sino que parece que de paso se está cerca de resolver el contencioso del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, un asunto aún más espinoso, que parte de una guerra entre ambos países entre 1991 y 1994.

Ahí ha sucedido algo: demasiados cambios en muy poco tiempo. Por el camino, un rosario de contactos secretos entre turcos, armenios y azerís y una extraña guerra, la de Georgia contra Rusia, cuyas causas no están ni mucho menos claras.
¿Dónde ha estado el hilo conductor de esta historia? A pesar de la solemne presencia de Solana en el acto de apretón de manos final entre los ministros de Exteriores Davutoglu y Nalbandian, la Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso. Ni siquiera a través de la Asociación Oriental, puesta en marcha el pasado mes de mayo en Praga e impulsada por Angela Merkel. Eso está en sus comienzos, y en el Cáucaso todo va mucho más rápido.

La respuesta parece estar en la acción conjunta de Turquía y Rusia, que de una manera u otra se han puesto de acuerdo en relación al Cáucaso, área de influencia común. Punto central ha sido la ruptura del aislamiento de Armenia, hasta ahora satélite ruso. A su vez, y gracias a las presiones de Moscú, Erevan cederá en Nagorno-Karabaj, con lo cual Azerbaiyán mantendrá un trato más relajado con Rusia. Todo ello ha sido posible a partir de que Georgia, vencida en la guerra del 2008, ha quedado estratégicamente fuera de juego. Deberemos esperar novedades en toda la zona. Armenia entrará en el recorrido de los gasoductos y oleoductos, y también de ejes de comunicación. Con ello se evitará un camino más largo y complicado por Georgia. Así, el negocio de los hidrocarburos y su transporte quedará más concentrado en manos de rusos, azerís y turcos, con la posible incorporación de iranís.

Reordenamiento general

En todo ese juego, Turquía se está erigiendo como árbitro frente a las pretensiones europeas en la zona. Y así gana bazas en su camino hacia la UE. Pero hay algo que queda por ajustar en el puzle: la cuestión kurda. La solución, a gusto de Ankara, está en camino: la normalización de relaciones con Armenia posiblemente llevará a las pertinentes reclamaciones de propiedades de los expulsados en 1915 de Anatolia oriental. Hoy, todo eso pertenece a la población local, mayoritariamente kurda. De ahí que la solución del problema que busca Erdogan pase por la defensa del status quo a cambio de una renovada fidelidad política kurda. A no dudar, en el Cáucaso sur se está operando un verdadero reordenamiento general, y todos buscan matar sus respectivos pájaros de un solo tiro.

Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009).

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sábado, octubre 10, 2009

La reconciliación turco-armenia (2): Bruselas tiene un problema




















En Los Ángeles, una furgoneta de la comunidad armenia denuncia el acuerdo turco-armenio sobre los rostros de los presidentes de ambos países



El miércoles de esta misma semana concluyeron las jornadas a puerta cerrada, en el CIDOB, tituladas: “A European South Caucasus? EU soft power and challenges to democracy, peace and development in the South Caucasus”. La organización corrió a cargo de la mencionada fundación junto con la Friedrich Ebert Stiftung y la European Stability Initiative (ESI). En la convocatoria se nos indicaba que deberíamos atenernos a las reglas de Chatham House, lo cual tiene un punto pretencioso: ¿por qué no se elaboran unas reglas CIDOB más adecuadas al formato y entidad de las jornadas como las organizadas? En cualquier caso, me ceñiré en la medida de lo posible a las condiciones, como si estuviéramos en Reino Unido, aunque no sea así: pueden encontrar el programa del evento en la página de la fundación.

La plantilla de invitados resultó muy correcta, lo cual suele ser habitual en las jornadas de CIDOB-ESI. Por lo demás, se notó una vez más la veteranía de la fundación barcelonesa, asociada al punto germánico que aporta ESI. La asistencia de invitados quedó bastante recortada con respecto a lo prometido en el programa, aunque es seguro que los organizadores no fueron responsables de ese fallo. En cambio, sí que se notó la ausencia de representación rusa, que corrió a cargo de un único ponente. La presencia turca fue igualmente anémica –algo menos comprensible. Y, desde luego, no se invitó a ningún iraní; y lo cierto es que Teherán siempre ha tenido mucho que decir en el Cáucaso. Personalmente, hubiera añadido algún invitado kurdo; y, aunque más difícil de conseguir, alguien que representara al Cáucaso Norte.

Segunda carencia, y ésta de mayor calado: faltó una visión de conjunto. En su lugar, se cayó en aquella práctica que resultaba habitual durante las crisis balcánicas: la parcelación. Los georgianos explicaron su guerra; los armenios de la república, su reconciliación con los turcos; los azeríes, y otra vez los armenios, la negociación sobre Nagorno-Karabaj. Previamente, tres intervenciones dedicadas a los actores mayores: una por Rusia, otra por Turquía, y la tercera por la UE. Y ni media palabra dedicada a los padres de la criatura: gaseoductos y oleoductos.

Por lo tanto, el Cáucaso apareció ante los asistentes como un rompecabezas tan artificialmente fragmentado como es habitual, con la pertinente explicación de base étnica, las declaraciones oficiales no demasiado retocadas, y mucho circunloquio. No se llegó a aquellos seminarios maratónicos de antaño, a base de jeremiadas balcánicas, con la obligada catarsis del público; pero la conclusión final de las jornadas quedó a cargo de los asistentes. Y la verdad es que vistas las cosas con una mínima perspectiva temporal, pedían una explicación a gritos.

Vean si no: hace dos años justos, la situación en el Cáucaso meridional parecía totalmente congelada. En Occidente no despertaba la menor atención. Ankara ya estaba manteniendo contactos bajo cuerda con unos y con otros, y especialmente con Yerevan, pero muy poco se sabía de eso. Los tejemenejes bajo cuerda salieron a la luz en febrero de 2008, así como la muy clara la disposición del nuevo presidente armenio a a
establecer relaciones con la vecina Turquía 'sin condiciones previas'. En agosto, la guerra ruso-georgiana. En octubre, los presidentes Gül y Sarkisian se reunían en la capital armenia con motivo del partido que enfrentó a sus selecciones nacionales para el Mundial de Fútbol 2010. Y desde entonces, las cosas avanzaron a gran velocidad. A día de hoy, todo va sobre ruedas: la apertura de la frontera turco-armenia es inminente, el conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y azeríes (hasta hace poco aun asunto intocable para aquellos) parece en vías de solución; y hasta el el debate sobre el genocidio armenio ha periodo dramatismo en Turquía. Buen rollito por doquier, donde antes sólo imperaba el desencuentro; y todo ello en un tiempo récord.

¿Todos estos acontecimientos no tienen un hilo conductor, no están relacionados entre sí? Cuesta mucho de creer. Piense el lector que hablamos de conflictos de esos que políticos, periodistas e historiadores nos pintan como aparente y eternamente irresolubles, tan “característicos” de zonas como los Balcanes y el Cáucaso. Pues caramba con los conflictos eternos. ¿Quién descolgó el teléfono y marcó el número?¿Quien se puso al otro lado de la línea?¿Cuánto costó ésto y lo otro?

Mientras tanto, no hay manera de que nuestra prensa le dedique una línea a la pinza ruso-turca. Moscú y Ankara están repartiéndose el Cáucaso meridional en áreas de influencia, eso ya es muy evidente a estas alturas. Sin tal acuerdo, nunca se hubiera podido solucionar el contencioso armenio-azerí, que en su día costó tanta sangre. ¿Y qué decir de la guerra entre rusos y georgianos, que todo el mundo se veía venir, a excepción de la nube de asesores occidentales que le bailaban el agua al presidente Mijeil Saakhasvili? (por cierto: en “El País” siguen llamándole “Mijail”, a la rusa).

Seguramente, Washington anda detrás de Ankara, pero no así Bruselas. De hecho, en las jornadas del CIDOB-ESI llegaron claramente los ecos del despiste comunitario. La pregunta retórica de la convocatoria habla por sí misma. De momento, la única baza política de la UE, al menos en relación a su consistencia, es la denominada Asociación Oriental (en el programa del CIDOB le denominan “Partenariado”, pero ese término no figura en el DRAE). El proyecto se puso en marcha durante el pasado mes de mayo, en la cumbre de Praga, y estaba destinado a estrechar lazos entre la Unión Europea y una serie de repúblicas ex soviéticas: las muy cercanas Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, junto con las tres del Cáucaso meridional: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ángela Merkel puso especial empeño en la iniciativa, ante el desinterés de Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, centrados en llevar a cabo un proyecto similar, más difuso, en el Mediterráneo. Pero la Asociación Oriental dejaba entender que ahí existía una cierta promesa implícita de integración, aunque fuera a largo plazo. Lo ideal sería que el proyecto restara protagonismo a las tendencias expansionistas de la OTAN en esa zona, lo que debería contribuir a unas relaciones más estables entre Rusia y la UE.

Sin embargo, la situación en la zona evoluciona con rapidez y el "soft power" de la UE poco tendría que hacer frente a una Turquía y una Rusia hostiles a cualquier promesa de integración al Cáucaso. O sea, que si seguimos así, pronto habrá que pedir permiso a Turquía y Rusia para seguir adelante con la Asociación Oriental. Mal asunto, por tanto, para los proyectos de tendido de ductos desde Asia Central.

Pero hay de por medio una última cuestión que tampoco salió a relucir durante las jornadas CIDOB-ESI. Cuando hablamos de política exterior europea se deben entender dos cosas diferentes. De un lado, las iniciativas consensuadas por la UE; del otro, la política exterior propia de cada uno de los países miembros, que a veces coincide con lo consensuado en Bruselas; o no. En ocasiones puede ir incluso a contracorriente de la política exterior comunitaria.

Mucho hemos de temer que en Cáucaso estén actuando una y otra. Mejor dicho: que quienes andan haciendo de las suyas sean algunos países europeos, cada uno por su lado. Por las trazas, la Italia de Berlusconi se ha colado en el eje ruso-turco y puede llegar a sacar buenos beneficios del asunto. Pero ¿cuál está siendo la actuación inglesa, francesa o alemana en la zona? El día que sepamos la respuesta exacta, no carecerá de interés.

Por supuesto, la motivación principal de esos y otros países para actuar en el Cáucaso tiene que ver más con el negocio de los hidrocarburos que con cualquier otro factor. O sea que debe existir ahí una cierta dosis de actividades inconfesables. Eso explicaría que, en base a al corrección política, en el seminario CIDOB-ESI no se haya tratado la problemática del Cáucaso actual bajo esta perspectiva.

Para finalizar, la conclusión de este post suaviza las críticas vertidas en el anterior en relación a las inhibiciones españolas en el escenario del Cáucaso, cómo no. Pero sólo en parte, dado que si bien Bruselas tiende en muchos casos a actuar como un avestruz en política exterior, eso no excluye que Madrid pueda liderar iniciativas en el seno de la comunidad (como se ha hecho en varias ocasiones, por cierto) o actuar siguiendo los propios intereses, incluso, en ocasiones, a título defensivo. Al fin y al cabo, nuestra dependencia del suministro argelino de gas es, como mínimo, temeraria.

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